Mientras ella trabajaba recibió un mensaje de texto:
Estas ocupada hoy? Tengo ganas de verte.
Lo contestó sorprendida: Termino este trabajo y estoy libre.
Venís a casa? Te espero a las 20.
Termino su trabajo, se bañó y fue hacia su dirección.
Tocó timbre, apagó su celular y él abrió la puerta.
Se saludaron con un beso y caminaron por el interminable pasillo
hasta el ascensor en el cual no pronunciaron palabras
Le abrió la puerta, y en su mesa un vino tinto con el que la esperaba
para así descorchar.
Una hora pasaron con el sabor del vino, entre charlas de literatura y política.
Al rato pidieron comida y mientras esperaban el sólo la besaba.
Cenaron. Fumaron y después de dos horas,
el postre lo saborearon esparcidos en la cama.
Con dos horas de descanso nacía un nuevo día.
Él la despierta al abrazarla, y el desayuno no fue más
que el sudor de sus cuerpos sin palabras para pronunciar.
Él se levanta, se baña y le ofrece quedarse en su cama
mientras iba a trabajar.
Ella lo mira, no dice nada, se cambia y se va.
sábado, 28 de junio de 2008
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