lunes, 9 de junio de 2008

Tres horas inigualables !

Dicen que Aristóles afirmaba que la esperanza
es el sueño de los hombres despiertos.
La música nos mantiene despiertos,
atentos a la realidad que nos rodea.
Nos hace conocedores de unas pocas certezas:
la de sabernos acompañados en nuestras búsquedas,
preguntas, amores y desamores, la de saber posible
ese mundo mejor que asoma tras la cancela que
Casandra* vislumbra en sus sueños.
Estas canciones me enseñaron a tener fe en Casandra,
a entender que no está perdido aquello que no fue,
a buscar la esperanza en el sueño de un niño indígena.
Supe por ellas que las aves migratorias
siempre encuentran el camino de regreso,
que la excusa más cobarde es culpar al destino,
que el ruido se callará y te oiré hablar en sueños
y que este pequeño milagro,
todo lo que fuimos y seremos,
estará a salvo porque alguna
vez cantaste conmigo.

*Casandra: hija de Hécuba y Príamo, fue sacerdotista de Apolo. El dios, enamorado de la joven, le prometió el don de la profecía si aceptaba entregarse a él. Ella aceptó, pero una vez iniciada en las artes de la adivinación, se negó a cumplir su parte del trato. Apolo, airado, le retiró entonces el don de la persuasión: aunque ella dijera la verdad, nadie le creería. Casandra nunca sería creída en sus pronósticos. Y, así, anunció repetidamente la caída de Troya pero nadie le prestó atención.


Ismael Serrano.

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