miércoles, 22 de octubre de 2008

No sabía qué mundos podía él guare-
cer bajo una gota de sueño, pero bien adivinaba
cuántos pueden cruzar por un instante: su misma vi-
da era una multitud de fantasías y desorden deján-
dose caer por todo tipo de precipicios. Por eso sintió
miedo y una suerte de compasión por él y sus secre-
tos. Por eso lo miraba preguntándose de buenas a
primeras quién más podía caber dentro de aquel
hombre que soñaba junta a ella cuando tan bien dor-
mían con las piernas entrelazadas una noche y la
otra. ¿A dónde iba de viaje se entrecejo? ¿En qué vi-
sita guiada hacia qué ojos estaría sumergido?.
*Ángeles Mastretta

No hay comentarios: