viernes, 5 de diciembre de 2008

¿Quién sabe cuántas veces se había jurado no ar-
mar un tango donde había un bolero y no volver ni
prosa, ni panfleto lo que debía ser poema? Así que
en nombre de todos aquellos juramentos y de su de-
cidida gana de cumplirlos, quiso salir corriendo de
la inocencia con que dormía su hombre aquel domingo.
*Ángeles Mastretta

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